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Al igual que la manuscrita, sirve para avalar operaciones comerciales, legales o el envío de un e-mail
La firma digital llega a la Argentina

Se basa en algoritmos que trabajan con números de hasta 2048 bits Si se aprueba el proyecto de ley que está en la Cámara de Diputados, tendrá el status de una firma común. Mientras usted lee esto, se está escribiendo en la Comisión de Comunicaciones e Informática de la Cámara de Diputados la versión final de un proyecto de ley que podría cambiar la manera en que hacemos muchas operaciones comerciales y burocráticas.

El proyecto (el producto del consenso entre seis anteproyectos presentados en los últimos años en el Congreso) podría debatirse en sesiones ordinarias que comienzan en marzo de 2001. Lleva el título de firma digital, y tras un nombre poco informativo esconde una forma de evitar el papeleo con que nos topamos cada día.
La firma digital es una manera de certificar la integridad de un documento digital (un e-mail, un formulario de compra de un libro, el pago en línea de la boleta de algún servicio -gas, luz-, la compra de una casa o de insumos para una empresa o institución) y la identidad de su emisor.

Si usted compra una casa, el escribano le pedirá el documento nacional de identidad (DNI), cuyos datos consignará en la escritura y le hará firmar el papel en que está impresa. La firma es la prueba última de su presencia en el lugar y su aprobación de la operación: se supone que es única, distintiva e irreproducible. A esto mismo apunta la firma digital: una serie de bits que le correspondan sólo a una persona o entidad, y que ella sea la única capaz de producirlos.
Esto es lo que necesita el comercio electrónico, por ejemplo, para terminar de afianzarse. Si además de la tarjeta de crédito se pide una firma digital para hacer una transacción, la seguridad es mayor y el temor por el robo de los números de la tarjeta se termina. Un ladrón que tenga los números pero no la firma estará como si encontrara una llave en medio de una ciudad: no podrá hacer nada con ella.

Pero como toda secretaria sabe, la firma hológrafa (manuscrita) tiene un defecto: nunca es exactamente igual a sí misma y por eso se puede falsificar, con mayor o menor éxito.

Una firma digital nunca cambia: si alguno de los bits que la componen es modificado es declarada inválida. Por eso es casi imposible de adivinar o llegar a ella por aproximación.

Aunque personal, la firma digital requiere de una contraseña para ser activada: si queda a la vista de todos o si la roban, es como dejar hojas en blanco firmadas, que cualquiera puede usar para su beneficio.

Además, algunos expertos como Bruce Schneier, de Counterpane Internet Security, han advertido sobre la posibilidad de que alguien escriba un programa que tome el control de la aplicación que firma y robe sus datos, o firme documentos sin el consentimiento de su usuario.

Firmas argentinas
"La firma digital tiene costo fijo, no valor -aclara Armando Carratalá, gerente de tecnología de Certisur, una afiliada de VeriSign, una empresa que otorga certificados y firmas digitales-. El valor se lo da el uso. Si con ella se firman declaraciones juradas, se hacen trámites, se pagan facturas, entonces tiene mucho valor, porque nos identifica en un montón de lugares, da el valor del pasaporte para pasar por cualquier frontera del mundo, pero en forma virtual."
Certisur es uno de los proveedores tecnológicos para empresas: les da la infraestructura para generar certificados y firmas, identificar a los empleados de una compañía y agilizar sus procesos internos (compra de insumos, órdenes de pago). También emite los certificados que aseguran que el sitio Web que se visita es el que corresponde con la dirección escrita en el browser y no otra.

Se espera que con la firma digital se hagan, por ejemplo, escrituras públicas digitales (como la que se hizo en Virginia, Estados Unidos, el 18 de septiembre, gracias a la aprobación de la ley E-sign el 30 de junio último) y se rubriquen todo tipo de documentos, algo que interesa a los escribanos. "Estamos viendo la posibilidad de certificar digitalmente firmas -anuncia Mauricio Devoto, de la Comisión de Informática del Consejo Federal del Notariado Argentino-. Mañana puede haber una escritura pública digital que esté firmada por las partes en presencia del escribano, con un mecanismo de autenticación en que todos firmen digitalmente." Los escribanos consideran, además, que son los indicados para transformarse en autoridades certificantes (se llama así a quienes emiten certificados digitales) de personas físicas o jurídicas y asegurar que la firma digital fue hecha por alguien idóneo, y no fue robada. Darían, dice Devoto, un valor agregado a la firma.

El Gobierno, por su parte, trabaja para digitalizar el funcionamiento interno de la administración pública nacional desde 1996. "Es indiscutible que hay que digitalizar procesos para agilizarlos, para disponer de la información, para abaratar costos y despapelizar los circuitos burocráticos. El Poder Judicial está colapsando por el volumen de información que maneja -advierte Walter Marta, responsable técnico de la Dirección Nacional de Coordinación e Integración Técnica-. No tiene otra alternativa que pasar a un dispositivo digital, para que no haya tanta gente ante las mesas de entrada de cada juzgado, etcétera. No hay manera de hacer eso, si no hay garantía de seguridad en los instrumentos en uso, porque un expediente no puede ser modificado por cualquiera."

El Estado avanzó en el tema gracias al decreto 427/98, que ordenó constituir una infraestructura de firma digital entre las dependencias del Estado. Pero todavía falta que se apruebe el proyecto de ley, para que la firma digital tenga igual validez que la hológrafa en todo el país.

La idea, por supuesto, es que sea complementaria; la digital no reemplaza a la otra, sino que se la acepta como una opción más, una condición que también se incluiría en el proyectado Código Civil y Comercial unificado, que toma como documento a todo archivo digital (sea un e-mail o una canción).

Un punto clave de la ley es lo que se denomina neutralidad tecnológica: distinguir entre la firma digital (una tecnología específica) y la firma electrónica, que incluye a la anterior pero está abierta a otro tipo de firmas, como la biométrica (usando ADN, la imagen de la retina, etcétera). Se habla de firma electrónica para que la hipotética adopción de una nueva tecnología no vuelva obsoleta la ley.

"Eso ya se tiene en cuenta para el nuevo borrador del proyecto -asegura el diputado Arturo Etchevehere (Alianza - Entre Ríos), presidente de la Comisión de Comunicaciones e Informática de la Cámara de Diputados-. Necesitamos un instrumento para que quien ingresa al comercio electrónico tenga certeza de que al cerrar cualquier tipo de operación comercial paga a quien corresponde. Y esto también sirve en el nivel internacional, porque es un tema en el que todo el mundo está trabajando."

Si se aprueba la ley y continúa la difusión del uso de la firma digital en nuestro país y el mundo, se promoverá el comercio electrónico y quizá se hará realidad uno de los grandes sueños de la informática: la oficina sin la burocracia del papel, en la que no es necesario tener una hoja impresa para constatar la concreción de un hecho.

Para eso, claro, hay que cambiar mucho de nuestra cultura. Pero en un mundo en el que cada vez más cosas pasan entre los anónimos unos y ceros es lógico tener una herramienta para controlar cuáles de esos bits realmente son obra nuestra.

Como se construye una firma digital
Una de las formas más populares de firmar electrónicamente un documento es la firma digital. Funciona con un concepto que se denomina criptografía o infraestructura de clave pública (Public Key Infrastructure o PKI, según sus siglas en inglés), también conocido como criptografía de clave asimétrica.

Los primeros algoritmos fueron desarrollados por Whitfield Diffie y Martin Hellman en 1976. Los más populares son el RSA, de 1977 (por las iniciales de Ron Rivest, Adi Shamir y Leonard Adleman, sus inventores), incluido en el Internet Explorer y el Netscape Navigator; el DSA (por Digital Signature Algorithm, algoritmo de firma digital) del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, y el PGP (por Pretty Good Privacy, privacidad bastante buena, en inglés), creado en 1991 por Philip Zimmermann y usado sólo para el e-mail.

Todos se basan en un mismo método: en vez de usar una misma clave (simétrica) para encriptar y desencriptar datos (como la contraseña en un documento Word), usan dos: una privada y una pública. La primera es la que el usuario guarda; la segunda se publica en el sitio de una autoridad certificante (una entidad confiable que da fe de que la clave pública pertenece a una persona o entidad).

Cada clave es el resultado de hacer ciertas operaciones matemáticas sobre dos números primos (divisibles sólo por sí mismos y por uno) muy grandes, de entre 512 y 2048 bits: los resultados son las dos claves. La importancia de usar números primos es que es extremadamente difícil factorizar las claves para recuperar los primos originales.

Para enviar un mensaje con firma digital, por ejemplo, al texto se le hace un hashing: de un texto se genera un número más chico con un algoritmo, de tal forma que es casi imposible que de otro texto se cree el mismo número. Al resultado se lo encripta usando la clave privada: ésa es la firma digital, que se envía con el mensaje original.

El destinatario recibe el texto y la firma: primero hace su propio hashing del mensaje y luego, con la clave pública del emisor, desencripta la firma: si ambos mensajes son iguales, significa que el remitente es válido y que el mensaje no sufrió alteraciones en el trayecto de un lugar al otro. Todo este proceso es invisible para el usuario; la firma digital aparece como una cadena de caracteres.

Para obtener gratis un certificado de e-mail y ver cómo es el proceso, se puede visitar el sitio de la Subsecretaría de la Gestión Pública (http://sgp.pki.gov.ar), que ofrece charlas informativas gratuitas en su laboratorio. Para ver certificados de clave pública, en el Internet Explorer ir a Herramientas/Opciones/ Contenido/Certificados. En el Netscape Navigator, cliquear sobre el candadito de la esquina inferior izquierda de la pantalla.

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